Paul Virilio y la tragedia de Chernobyl

No es fácil definir a Paul Virilio, el gran pensador francés fallecido en septiembre del año pasado a los 86 años. Arquitecto, urbanista, filósofo formado en la fenomenología de Edmund Husserl y participante de los cursos de Raymond Aron y Maurice Merleau-Ponty en la Sorbona. Su infancia en la ciudad de Nantes estuvo marcada por los bombardeos alemanes de septiembre de 1943, recuerdos de fuego que, años después, lo animaron a escribir un ensayo sobre la estética esencial de las fortificaciones (alrededor de 15 mil bunkers) construidas por las fuerzas armadas de Alemania y conocidas como la muralla del Atlántico.

Gran admirador de Franz Kafka, a quien consideraba un profeta del futuro genocidio nazi, él mismo define su aventura intelectual expresando: “Mi trabajo es el de un hombre que ha empezado a interesarse por la velocidad en el momento en que se ponía en práctica la velocidad límite. Centró su norte intelectual durante los últimos treinta años en cuestiones relacionadas con el tiempo y la dromología”. Este saber sería para el pensador francés un análisis científico de la velocidad y su vinculación con la realidad, pero siempre teniendo en cuenta que la velocidad no es un fenómeno, sino una relación entre fenómenos, sean cuales sean estos fenómenos.

A pesar de que su padre de origen italiano adhería al marxismo, Virilio se convirtió al cristianismo a partir de la lectura de la Biblia, y pocos años después de la caída del régimen nazi fue bautizado por un cura obrero que trabajaba en la fábrica de Renault. A principios de la década del cincuenta define su interés por el arte y comienza a estudiar en la École des Métiers d’Art de París. Recreando afiches de cine logra introducirse en un ámbito bohemio que le permite conocer a los notables artistas Henri Matisse y Georges Braque, con quienes colabora en la decoración de numerosas iglesias.

Durante las revueltas del Mayo francés de 1968 integra el grupo de intelectuales y artistas que ocupan el Teatro Odeón de París, símbolo de la burguesía gala y sitio de referencia de los seguidores del presidente Charles De Gaulle. Cabe destacar que cuatro décadas después de los acontecimientos de mayo, el ex presidente Nicolas Sarkozy criticó con dureza el movimiento juvenil universitario y lo acusó de abrir las puertas a la pérdida de autoridad, el cinismo, la irresponsabilidad y el relativismo moral.

Feroz crítico del fenómeno de la globalización surgido en la última década del siglo pasado, cuando el desarrollo de la web aún estaba en pañales, Virilio afirma: “No hay globalización, solo hay virtualización. Lo que está siendo efectivamente globalizado es el tiempo. Ahora todo sucede dentro de la perspectiva del tiempo real: de hoy en adelante estamos pensados para vivir en un sistema de tiempo único. Y sin olvidarse de la teoría de Francis Fukuyama sobre el fin de la historia, el arquitecto francés señala que ‘hasta ahora la historia ha tenido lugar dentro de tiempos locales, estructuras locales, regiones y naciones. Pero ahora, en cierto modo, la globalización y la virtualización están inaugurando un tiempo universal que prefigura una nueva forma de tiranía'”.

La tragedia de Chernobyl

Virilio fue el gran inspirador de la muestra Érase una vez Chernobyl, que, en conmemoración de los veinte años del accidente nuclear más trágico de la historia, tuvo lugar entre 2006 y 2007 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, con la dirección de Galia Ackerman, historiadora y periodista francesa de origen ruso que investigó el caso.

La exhibición contaba con decenas de documentos gráficos, entrevistas y obras de arte, y además se mostraban los trajes utilizados por los rescatistas para mitigar los efectos de la radioactividad. La escenografía estaba teñida con luz fluorescente, y el suelo metálico transmitía frialdad, rodeado de paredes de precaria estructura, alusiva a la escasa calidad de los materiales empleados en la construcción de la central localizada a unos cincuenta kilómetros de la ciudad ucraniana de Kiev.

Virilio afirmaba: “Chernobyl es importante porque es un accidente en el tiempo. Hasta ahora, las catástrofes se producían en un sitio preciso y su efecto, sus consecuencias, eran cuantificables. Chernobyl es la cantidad desconocida. No sabemos cuánta gente murió ni los que morirán, pero sobre todo no sabemos si la radiación se prolongará cien años o dos mil. Si las Torres Gemelas son un atentado camuflado de accidente, Chernobyl es un accidente que fue tratado como una guerra. Se enviaron soldados a luchar contra un enemigo invisible”.

Tildado por la crítica académica como un “anarquista cristiano” (tipificación ideológica contradictoria que recuerda a la del escritor norteamericano Norman Mailer cuando se autodefinía como un “conservador de izquierda”), Virilio fue visto a lo largo de su vida como un visionario “pesimista”, siempre valorado en su país, al punto de ser consultado personalmente por el ex presidente francés François Mitterrand sobre su análisis en torno a la Guerra del Golfo de 1990, acontecimiento sobre el que teorizó en algunos de sus trabajos de su larga obra.

En los últimos años de su vida advertía que el miedo y el pánico son dos de los argumentos centrales de la realidad política, cruzada por las crisis financieras y el terrorismo fundamentalista. Expresó que hoy, con la interactividad, ya no se trata más de la uniformización de las opiniones, sino de la sincronización de las emociones. Y que “el riesgo no es la censura por privación de información sino rigurosamente lo contrario: la censura por saturación, indiferenciación, ruido e interferencias, babelización: todo el mundo habla, nadie se escucha. Crece entonces la despolitización”. En el arte de lo posible no siempre gana quien llega primero. Muchas veces tener razón antes de tiempo puede ser más perjudicial que no tenerla.

Fuente de información: https://www.infobae.com/opinion/2019/06/12/paul-virilio-y-la-tragedia-de-chernobyl/