Las nuevas medidas de Cambiemos crean más interrogantes que soluciones

(Foto: Adrián Escandar)
(Foto: Adrián Escandar)

Algunos quedaron conformes, pero fueron más las voces críticas, contundentes en su rechazo. El plan presentado por el Gobierno, dicen los que no creen en sus efectos benéficos, tiene “patitas cortas”. Debe ser tomado como un suspiro y comprobar que los 350 inspectores que visitarán góndolas y mercados más pequeños verifiquen si los empresarios cumplieron —como dijo el ministro Nicolás Dujovne— con el “pacto de caballeros” que formalizaron frente a las autoridades. Nadie firmó nada y, como dice el refrán, “las palabras se las puede llevar el viento”. Se verá sobre la marcha.

Los anuncios no los hizo Mauricio Macri, sino que delegó el procedimiento en tres de sus ministros, vinculados al centro de los problemas de arrastre: Dante Sica, Nicolás Dujovne y Carolina Stanley, que se ocupan de la producción, las finanzas y la ayuda social. Él prefirió que le hicieran un video hablando en una mesa familiar. La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), que viene mostrando un bajón considerable en la recaudación, aprovechó el momento para informar que monotributistas, pymes y autónomos (700 mil en todo el país) podrán acceder a un plan de facilidades de pago de 60 cuotas, con una tasa del 2,5 por ciento. Podría ser una tabla de salvación, porque la morosidad ante la AFIP es de 114 millones de pesos.

Bien se sabe que los acuerdos de precios nunca han funcionado, tienen corta vida, padecen de filtraciones inadvertirles en un comienzo que se van agrandando más allá de lo que desean las autoridades. Otros se preguntan por qué no fue aplicado antes, por qué tanto apuro.

Se miran en el espejo y contestan a sus conocidos o a sus partidarios: “Macri quiere llegar a las elecciones sin presiones populares por la desmesurada inflación y los desbordes tarifarios”. Se le ocurre ahora, porque cree, teóricamente hablando, que toda la mala imagen de gestión que lo persigue tiene chances de diluirse. Ojalá no se equivoque. Macri juega otra carta: si él no es el bendecido para ejercer el poder, cualquiera que lo suceda no podrá escapar de una renegociación con su principal acreedor o entrará en default.

El peronismo, en todas sus grandes variantes, lo sabe, como también Roberto Lavagna o cualquier nuevo candidato que por el momento no ha salido a la superficie. No es difícil que, teniendo tiempo, en unos pocos meses pueda surgir una nueva figura política carismática que aspire a la presidencia. El país con filtraciones no admite el populismo, los liderazgos fuertes ni mesiánicos al estilo Jair Messias Bolsonaro. En definitiva, el FMI seguirá controlando y exigiendo por unos años más, si todo va bien.

Trascendió que el asesor Jaime Durán Barba no le ocultó el resultado de sus sondeos de opinión a la presidencia: los ciudadanos comienzan a odiar (que es un calificativo más peligroso que “rechazar”), porque el agua de los costos les llegó al cuello. El lema popular que dice “no hay plata que alcance” se ha erigido en la expresión más desgastada. El FMI autorizó a Macri a este “descansito” del apriete y hará lo posible para dar a conocer su intención de apoyo a su continuidad en el poder. El FMI y su principal mandamás en el directorio, los Estados Unidos, y por ende Donald Trump, lo apoyan de todas las maneras posibles.

Otra hipótesis que circula es que la Casa Rosada se ablandó frente a la embestida de los radicales que eran los que más percibían un drenaje peligrosísimo de votos si todo seguía sin variantes. Hubo reuniones y puntos de acuerdo. El partido centenario le llevó al círculo de la Casa Rosada conclusiones de los asesores de la Fundación Alem. El problema es que, aun con el actual “descansito” lanzado por el Gobierno, el radicalismo pueda volver a dividirse una y otra vez.

Están, por un lado, los que defienden su alianza a Cambiemos; figuran también los escépticos y van apareciendo los opositores frontales a convivir con el PRO.

El Gobierno se comprometió a no alejarse del modelo económico que venía implementando, desgarrando los ahorros de las familias. “Este no es un cambio de fondo”, declaró en forma clara Nicolás Dujovne. No lo expresó como al pasar, porque este acuerdo tiene un costo fiscal de 10.500 millones de pesos, que es el 0,1% del Producto Bruto Interno. Parecería poca cosa pero no lo es. Ninguna pérdida en una economía frágil debe tolerarse.

Se generan baches fiscales. El ministro de Economía no incluyó en la cifra la disminución en la recaudación por el beneficio impositivo a los exportadores, a los que se exceptúa de pagar retenciones. Son mil millones de pesos menos para el Estado. El freno al incremento de la electricidad y el gas tendrán un costo fiscal de casi diez mil millones de pesos. ¿De dónde saldrá el dinero para compensar estos agujeros? El ministro Dujovne dijo que confía en una recuperación económica y que eso será suficiente para cubrir el desfasaje. La filosofía del optimismo, como hasta ahora, aunque con un ojo puesto en la fiscalización.

Hubo, pese a todo, muestras de sorpresa y alegría. El comercio, en general, está satisfecho porque aseguran que impulsará el consumo. La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) confirma que la movida oficial ayudará a la reactivación. También sonrieron la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Sociedad Rural, que aplaude la quita de retenciones para las pymes.

El plan informado a la población tiene un lema: “Aguantar hasta las elecciones”. Son medidas en camino inverso a lo aplicado hasta el momento. Habrá que mirar detenidamente la marcha de la inflación y la satisfacción o no de la población. Sin duda la promesa de que no subirán los costos de los servicios públicos puede ayudar a controlar la inflación, pero no es nada seguro. Los escépticos siguen diciendo que quieren ver los precios desde ahora y compararlos con la semana previa a los anuncios.

Hay varias luces en rojo en el horizonte. Qué sucederá con el tipo de cambio, por ejemplo. Hay economistas que indican el peligro de que se atrase y el país se vuelva menos competitivo. Otro, el riesgo país. El mismo día de la presentación gubernamental aumentó varios puntos como muestra de desconfianza de los inversores, los mismos que se apartaban en los últimos meses, pero que ahora sospechan mayores acechanzas.

Las mejoras en los precios pueden demorar un tiempo en comprobarlas. Lo perverso fue el tiempo anterior a la presentación del acuerdo, cuando circularon versiones en firme sobre un freno a los precios. Muchos empresarios incrementaron el valor de su mercadería para cubrirse. De ser veraz esta afirmación, todo se reflejará en el indicador inflacionario de este mes de abril. Ni el Gobierno ni los ciudadanos podrán soportar otra inflación del 4,7% como la de marzo pasado.

La única noticia que ha permitido sonreír al funcionariado es la cosecha récord de 145 millones de toneladas, con altos rendimientos en el maíz y en la soja. Se traduciría en 28 mil millones de dólares. Habrá que ver si se liquida rápido o los interesados esperan el desenlace eleccionario. Todo puede suceder.

Fuente de información: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/18/las-nuevas-medidas-de-cambiemos-crean-mas-interrogantes-que-soluciones/