La Justicia del populismo de izquierda

El escritor Mempo Giardinelli volvió a recordarnos en estos días sus ideas respecto al sistema judicial. Su diagnóstico es hoy similar al esbozado por la presidenta Fernández de Kirchner en 2013: un Poder Judicial corrompido, anacrónico, lento, ineficaz, oneroso, patriarcal, racista, clasista, arbitrario y antidemocrático. La propuesta, aunque con matices, también similar: sustituirlo por un servicio de justicia elegido por el voto popular. En definitiva, que deje de ser independiente, o todo lo que pueda ser, y que pase a depender del líder carismático populista de turno.

Los objetivos, sin embargo, han cambiado. La reforma constitucional que no pudo ser y las leyes de “Democratización de la Justicia” del 2013 tenían por objetivo que el kirchnerismo se perpetuase en el poder y profundizar el modelo populista imperante en la región. La ex presidenta cumplio su objetivo de hecho y hasta donde la Corte Suprema se lo permitió. Hoy, bajo el eslogan de la radicalización de la democracia, la reforma propuesta por Mempo clama por la vuelta de aquél populismo de izquierda nunca consolidado que socavó a la fuerza todas las bases institucionales de la república. El abrazo de oso de la ex presidenta da para pensar en una ayuda más para detener las decenas de causas judiciales por corrupción que la involucran.

Hasta el 2015 Cristina Fernández de Kirchner gobernó el país con un sistema hecho a medida. Sin mayorías para modificar la Constitución, aprovechó al máximo los votos y su liderazgo carismático. Tomando en forma absoluta algunos ideales y genuinos derechos de las personas dejó de lado la forma de gobierno y sus reglas. Consideró amiga toda persona o institución que acompañara lo que el pueblo quisiera. Traidora, enemiga o destituyente aquél que se opusiera a la voluntad popular. Era la Presidenta quien día a día interpretaba los deseos del pueblo. No hicieron falta mayorías especiales ni cambiar las palabras: fue suficiente cambiar su sentido e interpretación. Para ello se apropió de todos los eslabones posibles de la cadena decisoria y de comunicación pública del país: gobiernos de provincias e intendencias, legislaturas, poderes judiciales, medios de comunicación, asoció gremios, ONGs y otras instituciones. Por ello es que la lucha para obtener todos los cargos unipersonales o mayorías en los cuerpos colegiados de los organismos públicos era una lucha a muerte. En el Poder Judicial, cuando no se podían designar jueces amigos se tenía a mano una acomodada política de designación de subrogantes y conjueces. Todo funcionó así hasta que el resultado sorpresa de las elecciones del 2015 volvió a darle a las palabras un sentido más razonable.

Mempo dice que, respecto de su proyecto, se ha iniciado un debate de buena fe. Difícil de creer. En el vínculo amigo-enemigo que caracteriza lo político y toda relación social -teoría de Carl Schmitt infructuosamente adaptada para latinoamérica por Chantal Mouffe bajo la pantalla de agonismo adversarial- no hay lugar para los buenos modales y las actitudes críticas. La objetividad es una simple máscara política. Así lo reconoció “Sinceramente” la ex presidenta: “Yo no soy neutral”. Así se escuchaba alguna vez en ciertos sectores del peronismo: “Al enemigo, ni justicia”. La paciencia parece durarle poco al mismo Mempo: “La resistencia pacífica popular, el desempleo y el hambre que han generado se los va a llevar puestos”.

 

Mientras tanto, el actual gobierno ha impulsado reformas tendientes a fortalecer la independencia judicial y a darle las herramientas necesarias a jueces y fiscales para que puedan investigar hechos de corrupción y narcotráfico de manera eficaz impulsado la ley de arrepentido, ley de flagrancia, nueva ley de derechos y garantías para víctimas del delito, juicio unipersonal, nueva ley de subrogancias, Nuevo Código Procesal Penal Federal y responsabilidad penal de las personas jurídicas entre otras que aún están en tratamiento en el Congreso de la Nación como el nuevo Código Penal y la Ley de Responsabilidad Penal Juvenil.

Queda mucho por hacer y mejorar en el sistema judicial y en el Poder Judicial en particular. Mucho más por trabajar en la noción de justicia cotidiana, educando y concientizando a la sociedad de que la construcción de una sociedad más justa y pacífica e inclusiva depende, en primer lugar, de las decenas de decisiones que tomamos cada uno de nosotros todos los días. Las instituciones de la democracia republicana continúan siendo el sustento de valores comunes que muchos deseamos para la sociedad argentina. Debemos fortalecerlas para que sirvan de herramientas que corrijan razonablemente los naturales desequilibrios. Proyectos como el Giardinelli atacan directamente la escencia de la democracia representativa republicana liberal y conducen a una sociedad violenta.

Por Mauricio Devoto

Representante ante Aladi y Mercosur

Consejero Programa Justo Vos, Ministerio Justicia y DDHH.

Fuente de información: https://www.infobae.com/opinion/2019/05/20/la-justicia-del-populismo-de-izquierda/