El delito de salvar vidas

Se trata de un caso real, actual, ocurrido en nuestro país.

Una joven que cursaba un embarazo de cinco meses, por ella atribuido a un hecho de violación, se presentó ante el Hospital Área Programa de Cipolletti (Río Negro) para la practica de un aborto. Para ello había sido derivada por otro nosocomio de la vecina localidad de Fernández Oro, no preparado para realizar tal tipo de prácticas, adonde la paciente había concurrido luego de haber ingerido, en fuerte dosis, una droga abortiva suministrada en un centro clandestino, que lejos de provocar el aborto, le generó un alto cuadro febril (39,5ª), dolores abdominales y contracciones.

Atendida en la guardia del hospital de Cipolletti por el ginecólogo Rodriguez Lastra (RL), éste se negó a practicar el aborto teniendo en cuenta el estado febril de la paciente, y omisiones en la documentación que debía presentar conforme con la ley provincial (reglamentaria de la doctrina “FAL” de la Corte Suprema de Justicia nacional). Cabe señalar que RL finalizaba su guardia esa misma noche, de manera que la interesada podría haber sido atendida algunas horas después por otro médico. No resulta claro si intentó o no esta posibilidad.

Lo cierto es que la Fiscalía provincial acusó a RL por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público (condición que revestía el profesional por la prestación de servicios en un hospital público) al no realizar la práctica abortiva, delito por el que en definitiva fue condenado por la justicia de grado provincial (sentencia no firme) con la pena de un año y medio de prisión en suspenso y dos años y cuatro meses de inhabilitación para ejercer cargos públicos (por este tiempo no podrá ejercer en ningún hospital público del país), además del pago de las costas del proceso.

Sin perjuicio del caso concreto y de la procedencia de los argumentos de la (correctísima) defensa en el mismo, el caso RL mueven a una reflexión más profunda.

Al día de hoy, en lo que pude conocer, la madre se encuentra en perfecto estado de salud. El niño que iba a ser abortado, al que vamos a identificar como XZ, nació, goza de excelente salud, tiene dos años de edad y ha sido adoptado por una familia, cuya aptitud para mantener y educar al niño ha sido seguramente verificada por las autoridades provinciales.

¿Es el niño XZ el mismo feto de 22 semanas que RL no mató? Pero, estoy utilizando la expresión “mató” ¿es correcto? Según la Real Academia “matar” quiere decir “quitar la vida a un ser vivo”. El feto XZ era un ser vivo a las 22 semanas del embarazo de la madre (antes también) de manera que la omisión de RL por la que fue condenado consintió en no matar a un ser vivo. Claro que era un ser vivo distinto de la madre. Tan distinto es el por nacer de su madre que, por imperio de las nuevas tecnologías, una mujer puede ser portadora de un “feto” (utilicemos este término genérico para no anticipar las discusiones) sin ser la madre biológica (la generadora del óvulo oportunamente fecundado). Así puede existir una portadora madre y una portadora no madre, aunque ésta se comporte, durante el embarazo y en el futuro como la verdadera madre (para el Código Civil, art. 565, la presunción de maternidad es, en principio, en favor de la mujer que da a luz).

Volvamos a XZ. A las 22 semanas estaba formado, hasta reflejando en su rostro la misma imagen, o forma (en el sentido metafísico) o semblanza, que luego tendría al nacer y durante todo el resto de su vida. Mas allá de esta identidad “facial”, a las 22 semanas XL tenía el mismo ADN, suyo, individual, único, personal, que tuvo como embrión recién concebido, y que tendrá hasta el momento de su muerte, esperemos que en una feliz vejez.

A las 22 semanas de embarazo XZ ya era XZ, el mismo que ahora es un niño feliz en la casa de sus padres adoptivos: si el médico RL hubiese practicado el aborto habría matado a XZ, al real, actual, XZ, cuya existencia innegable se encuentra en la misma vida de este niño; no habría simplemente eliminado a una mera posibilidad de XZ. A las 22 semanas de embarazo XZ era un ser humano ¿Qué otra cosa podría ser?

No se trata, en esta argumentación, de recurrir a causas remotas, cruzadas por una infinidad de causalidades y casualidades, que podrían llevarnos al inicio de los tiempos. Si, por ejemplo, muero hoy no llegaré a cumplir noventa años de edad. Esta, mi supervivencia, actual, no es una causa remota de mi nonagésimo cumpleaños, es una causa necesaria, directa, inmediata, aunque no única. Si llego a los 90 años es, antes que nada, porque no me morí antes.

Aun cuando la sentencia condenatoria hubiese acertado en el análisis de los hechos (lo que no parece) RL cumplió con el principal deber del funcionario público: hacer cumplir la Constitución y las convenciones sobre Derechos Humanos que la integran: proteger la vida de todos los seres de humanos (ninguna norma dice que debe tratarse de seres humanos nacidos, y aun cuando tal calificación pudiese inferirse, querría también decir que hay seres humanos no nacidos). También cumplió con el deber de cualquier persona de bien: ayudar al más débil; y con el deber de todo médico: salvar vidas.

Siguiendo la lógica de la sentencia, no practicar un aborto solicitado por la madre (las condiciones de FAL son tan laxas que, si se hiciese caso de tal desafortunada sentencia, en nuestro país el aborto sería libre durante la totalidad los nueve meses de embarazo) es delito. Pero ¿puede serlo si, por no practicarlo, nace el niño? XZ podría, dentro de unos años, visitar a RL para agradecer el haberle salvado la vida. Quizás le diría: gracias a Ud, Doctor, estoy vivo, Ud me salvó la vida. ¿Cuándo RL le salvó la vida a XZ? Por supuesto éste era un feto de 22 meses.

Volvamos al aborto. Muchos sostienen que debe ser legalizado por una razón de salud pública, claro que no de la salud del niño por nacer, ya que si lo matan no tendrá “salud”.

Puede tratarse de la salud de la madre, para que no realice abortos riesgosos, en manos y lugares inadaptados para ello. Va en juego no solo la salud, sino la misma vida de la madre.

Pero detengamos a pensar un poco. Los casos en que el aborto se encuentra penalmente consentido (es decir, no penado) pueden ser tratados en hospitales públicos o privados regulares, bastando la pertinente comprobación del presupuesto considerado por la ley (salvo el caso de violación, que es por mera manifestación verbal de la mujer).

Claro que quedan los otros casos, los no exculpados penalmente. Pero estos son abortos a voluntad ¿Vale la más la voluntad de la madre que la vida del niño? Cualquier persona con un mínimo de inteligencia responderá que no. Pero aún así, la embarazada podría recurrir a la comadrona, o a médicos inescrupulosos, para abortar, incluso con riesgo de su vida. También en el punto cualquiera con un mínimo de inteligencia (especialmente si se tratase de un jurista especializado en derecho penal) buscaría una solución mejor que legalizar la muerte del niño: atender a la madre, apoyarla, ubicar a su hijo en adopción (como en el caso de XZ), cumplir con la asistencia especial prevista en el art 75.22 de la Constitución. Por supuesto también corresponden las medidas preventivas y represivas penales, pero no contra la madre; en definitiva, los centros abortivos ilegales no están gestionados por genios del crimen, ni la comadrona del barrio es tan escurridiza como el agente 007; si la policía no los corre es porque, incumpliendo (ahora sí) con su deber, los tolera.

Fuente de información: https://www.infobae.com/opinion/2019/11/20/el-delito-de-salvar-vidas/