El mini califato que el Estado Islámico sigue controlando en Siria

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“¡Conviértete, conviértete!”, grita un grupo de mujeres y niñas, a las trabajadoras humanitarias que caminan por una de las calles polvorosas del campo de refugiados de al-Hol, en Siria, muy cerca de la frontera con Irak. Las instan a recitar la shahada, la profesión de fe musulmana: “¡No hay dios sino Dios, y Mahoma es su mensajero!”. 

Son algunas de las 74.000 mujeres, niños y adolescentes que vivieron en el califato creado por el ISIS y que resistieron en el último bastión del Estado Islámico de la ciudad de Raqqa. Fueron trasladados a Al-Hol por las fuerzas kurdas del SDF, que están apoyadas por Estados Unidos. El campamento prácticamente no tiene supervisión de ningún tipo y ya se convirtió en un mini-califato en el que no hay ningún arrepentido. Desde allí sigue operando el ISIS. Tienen conexiones satelitales a Internet desde donde los líderes envían instrucciones a sus seguidores de todo el mundo. “Una bomba de tiempo“, fue la calificación que le dio un congresista estadounidense que visitó hace pocos días el lugar.

“Si te volvieras musulmana y te cubrieras como nosotras, no hubieras sido asesinada en el califato”, explica una de las mujeres a Jane Arraf, una mítica corresponsal en Medio Oriente que ahora trabaja para la radio pública estadounidense. “En el califato había justicia. No hubo soborno ni corrupción ni wasta (el tráfico de influencias que es una práctica habitual de la mayoría de los países de la región). Vivíamos en armonía. Nuestro líder, Abu Bakr al-Baghdadi (el creador del ISIS), era uno más entre nosotros“, asegura la mujer mientras varias otras asienten con la cabeza. Dicen que cuando había comida en el califato, se distribuía. Y que aquí en el campamento, vienen todos los días para humillarlos y les dicen que no hay alimentos para ellas.

Al-Hol es apenas uno de las decenas de Campamentos Masivos de Desplazados Internos Cercados (IDP, por su sigla en ingés), que albergan mujeres y niños, y más de 2.000 combatientes del Estado Islámico. Están bajo el dominio de las Fuerzas Democráticas Sirias Kurdas, que no cuentan con los recursos suficientes ni tienen el personal adecuado para controlar los campos. Los guardias están apostados fuera de los alambrados y observan los movimientos para impedir fugas.

Pero dentro, todo está organizado por los milicianos del ISIS y las organizaciones humanitarias apenas logran llevar alimentos hasta las puertas. Las mujeres del Estado Islámico han creado un cuerpo de policía moral dentro del campo, haciendo cumplir la ley de la sharia e incluso llevando a cabo ejecuciones brutales. El ISIS utiliza el lugar como retaguardia; los combatientes entran y salen ante guardias kurdos que hacen la vista gorda a cambio de coimas o, directamente, para no perder la vida. “El campamento se está convirtiendo rápidamente en un mini califato y en un terreno de reclutamiento fértil para ISIS”, denunció el senador republicano Lindsey Graham después de visitar la zona. “El perímetro de seguridad alrededor del campamento es increíblemente débil, y el lugar está siendo administrado por tipos de ISIS bajo nuestras propias narices”.

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Unos 11.000 de los 74.000 refugiados en Al-Hol provienen de 34 países fuera de Irak o Siria. Pero nadie quiere hacerse cargo de esta gente. Los consideran demasiado peligrosos como para retornarlos a sus casas. La mayoría de los gobiernos, incluso, les quitó la nacionalidad y los convirtió en apátridas a merced del ISIS. “La respuesta europea ha sido patética y peligrosa. Y en Estados Unidos no hay conciencia de la magnitud del peligro”, dijo Graham ante sus pares de una comisión en el Congreso de Washington. Un nuevo informe del inspector general del Departamento de Defensa reafirmó estos conceptos y describió al campamento de al-Hol como “un centro de reclutamiento libre organizado por nuestras propias fuerzas“.  “La incapacidad de los kurdos de la SDF para proporcionar algo más que `seguridad mínima´ en el campamento, lo convierten en un territorio libre para la divulgación de las creencias de los jihadistas”, dice el informe.

Muchos en Washington apuntan hacia la errática política de la Administración Trump ante la guerra siria. El presidente aseguró hace seis meses, en uno de sus habituales tweets, que ISIS “está derrotado en un 100%”. Ahora se sabe que eso no es cierto y que la organización terrorista goza de buena salud en las propias narices de los aliados de Washington. “Trump va a tener que tragarse la dura realidad de lo que es necesario y comprometerse mucho más. Y sus funcionarios tienen que encontrar el coraje para plantear esto con él y con la opinión pública. Vamos a tener que arriesgar vidas de soldados estadounidenses si queremos ganar esta guerra. De lo contrario, la amenaza del ISIS será cada vez más grande, se reinventará y nos atacará con mucha fuerza”, fue la descripción de Charles Lister, director antiterrorista del Instituto del Medio Oriente, en una entrevista con el Washington Post

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“Según el informe sobre esta situación de las Naciones Unidas, el 65% de los residentes de al-Hol tiene menos de 12 años y 20.000, menos de 5 años, lo que significa que nacieron en el primer califato. Si permitimos que estos niños crezcan en este nuevo Califato 2.0, serán nuestros hijos a los que tendremos que enviar allí para combatirlos algún día”, escribió el columnista Josh Rogin, del Post.

Al-Hol, está ubicado en la región kurda de Siria conocida como Rojava, y la mayoría de las personas que se encuentran allí fueron apresadas en la ciudad de Baghouz, que es donde los líderes del ISIS habían refugiado a sus familias. El campamento está controlado por gente muy convencida que reafirma su ideología en el encierro. “Rezamos permanentemente para que regrese el califato. Acá nos matan de hambre. Si no fuera por los ataques aéreos a nuestros campamentos que matan a nuestros hijos no hubiéramos dejado el califato” dijo una de las mujeres entrevistadas que se negó a dar su identidad. “Y aquí vamos a mantener las costumbres y modos de vida que nos enseñó nuestro líder. Fuimos y seguiremos siendo miembros del califato”. Y cuando se le preguntó sobre las atrocidades ocurridas en las zonas ocupadas por los jihadistas dijo: “Por supuesto que hubo decapitaciones, ¿por qué debería mentir? Todo se basa en el Corán y las reglas de Dios”. Cuando las interrogaron por el genocidio de la minoría Yazidi, las mujeres gritaron al unísono: “¡Adoradores del diablo!”. Y una de ellas agregó: “Si no se convierten al Islam y no se vuelven musulmanes como nosotros y adoran a Dios, entonces se lo merecen”. Sobre el uso de las mujeres yazidíes como esclavas sexuales, aseguran no saber nada. Insisten en que todo fue mejor en lo que llaman “al-dawla”, el estado. “Allí, una mujer caminaría con la cabeza bien alta y un hombre bajaría los ojos”, dice una mujer siria. “Aquí, es todo lo contrario”. Y todas se quejan de que el campamento está lleno de infieles, principalmente los guardias. “Hay música inspirada por el diablo, kurdos -hombres y mujeres- visten ropa ajustada y fuman. Los hombres acosan a las mujeres”, dicen.

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En Al-Hol hay problemas más graves que los de las vestimentas o los cigarrillos. Desde que se estableció el campamento, el año pasado, murieron 84 niños, muchos de ellos recién nacidos, debido a la deshidratación y la desnutrición. Muchos más perecieron por un brote de difteria. Zehra Duman, una australiana que llegó al califato siguiendo a su marido combatiente, se comunicó en febrero con su madre en Melbourne y le dijo que temía por la vida de su bebé de seis meses por la falta de leche. Shamima Begun, una de las chicas británicas de 15 años que se escaparon de la escuela en Londres para unirse al ISIS, perdió su bebé el mes pasado por la misma razón. Y la estadounidense Hoda Muthana, informó de un hijo desnutrido de 18 meses. Pero la milicia kurda asegura que esas son excepciones y que no sólo hay suficiente comida que ellos entregan, sino que el propio ISIS tiene organizado dentro del campamento un circuito de distribución de alimentos y que están utilizando esos casos para la propaganda.

En un informe publicado en abril, el periodista Quentin Sommerville de la BBC, describió el campamento como “un recipiente desbordante de ira y preguntas sin respuesta”, donde algunas mujeres “se aferran a su ideología alimentada por el odio, y solo unas pocas piden una salida, un camino a casa”. Quentin citó a una mujer marroquí-belga, una ex enfermera que agarró su niqab (la prenda que las cubre de pies a cabeza) diciendo: “Esta es mi elección. En Bélgica no podía usar mi niqab, esta es mi elección. Todas las religiones tienen algunas cosas cuestionables, pero nosotros mantenemos una fe profunda a pesar de lo que ustedes digan”. La mujer dijo que no veía ninguna necesidad de disculparse por el ataque del ISIS en Bruselas en 2016 y culpó a Occidente y los ataques aéreos por su actual condición. Otra de las mujeres aseguró que están allí porque el líder de ISIS, Baghdadi, les dijo que escaparan para salvar a sus hijos. “Salvamos a la próxima generación del califato”, dice. “Si les hablas, tienen el verdadero credo implantado en sus mentes. El verdadero credo permanecerá”. Y, de hecho, describe el periodista, es una niña de la ciudad iraquí de Tikrit quien se encuentra entre las más fervientes del grupo. Parece tener 11 o 12 años y dice haber aprendido todo en una de las escuelas de “jóvenes líderes” que tenía el ISIS en Raqqa. “El día del juicio”, dice la niña, “Dios derramará metal fundido en los oídos de quienes escuchan música. Las que no están cubiertas, ¡ahora le pido a Dios que en la próxima vida encienda los fuegos del infierno con sus cabellos!”.

Fuente de información: https://www.infobae.com/america/mundo/2019/08/18/el-mini-califato-que-el-estado-islamico-sigue-controlando-en-siria/